martes, febrero 22, 2011

LA ARMÓNICA DE CRISTAL. TRAYECTORIAS SONORAS



Hola, el curso pasado ya nos referimos al compositor neoyorkino Morton Feldman (1926-1987), a propósito de su obra Música Cóptica. Comentamos la influencia de John Cage tras su encuentro en 1949 y su estrecha relación con los pintores expresionistas abstractos (especialmente Rothko, Pollok y Guston), así como su percepeción sonoro-temporal como una tela de pintura, en la que se produce al momento la experiencia estética de la creación, en este caso musical. A inicios de la década de 1950, Feldman se había propuesto una producción basada en "piezas gráficas indeterminadas", en la que alturas y dinámica aparecen controlados férreamente, mientras que los ritmos se disuelven a elección del intérprete, en una posición que le sitúa ajeno a la gran influencia del Dodecafonismo en las universidades de EEUU, y que concilia en equilibrio el material fijado y libre. A mitad de ese decenio, Feldman abandona este sistema de escritura, recuperando la escritura proporcional y ciertos materiales melódicos, dejando a la interpretación un grado de flexibilidad pero dentro de unos márgenes. Este proceso se agudiza hasta finales de la década de 1960, y culminará en una serie de conciertos para instrumentos solistas. Es precisamente, a partir de 1970 cuando comienza el período de sus grandes composiciones, que finalizará con partituras de larguísima duración.

La obra que hoy recordamos es Violoncello y Orquesta ( más conocida como Concierto para violoncello, 1972), que escribió por encargo y fue estrenado el año siguiente. Coincide la creación con otras obras como Five Pianos (típica era la escritura de Feldman para varios de estos instrumentos), Trío de flautas, Half a minute, For Stockhausen, Cage, Stravinski y Mary Spinson, etc., que seguían cronológicamente a la grandiosa Rothko Chapel de 1971. En la composición que este martes traemos a la memoria, la flexibilización de la ejecución se conjuga con una duración limitada, que la condiciona previamente (aproximadamente unos 18 minutos) y que plantea, por otra parte, la dificultad al solista de reproducir el ideal de "obra-momento", típico de también las artes plásticas expresionistas, de forma que la interpretación no es una reproducción de música ya estudiada, sino un fenómeno espontáneo. Ello no impide que la partitura destile una emotividad y belleza etéreas a lo largo de un tempo lento, con matices que oscilan entre el piano y pianísimo (excepto en un acorde en el centro de la obra) y que se construye con un material mínimo (la célula mi-FA#-FA-MI, que aparece constantemente y se refuerza con los pizzicati de la segunda parte), algo también muy frecuente en Feldman.
Hay que señalar que Feldman ha sido relegado durante décadas a un segundo plano por su no adhesión a posiciones ideológicas extremas, y que en España, hasta época reciente, suscitaba mayor interés desde el campo de las artes plásticas. Su declarada "intuición" y "concentración" han sido indicadas por el propio autor como sus bases compositivas, en las que se ausenta cualquier plano ajeno al sonoro (de hecho, es conocida su utilización de la pluma para la escritura, puesto que concibe que es un medio idóneo para hacer coincidir la reflexión con la acción).

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