Buenos días. Desde el Club de Lectura de Adultos "José Beceiro"dedicamos nuestro modesto homenaje a la escritora inglesa Jane Austen,
con motivo del bicentenario de su nacimiento, en la sesión dedicada a su
novela Emma, que se celebró el primer jueves del mes pasado. La novela, editada en diciembre de 1815, pertenece a la segunda etapa de la producción de esta autora, uno de los más populares "clásicos" de la narrativa británica. Ingenio, elegancia, ironía, humor y crítica social, elementos referenciales en la obra de Austen, se encuentran nuevamente presentes en esta novela, que refleja la aguda observación de la cotidianeidad de la mediana y alta sociedad rural contemporánea por parte de la escritora, y nos muestra, tras un minucioso y esclarecedor análisis psicológico de los personajes, dentro de este reducido marco geográfico e histórico, y con aparente carencia de acción, su conocimiento de la naturaleza humana y los matices de su conducta. Las novelas de Austen, situadas en la transición entre Neoclasicismo y Romanticismo, contienen un carácter instructivo y moral, reconocido por la propia Austen, que evita, sin embargo, los discursos forzados, y en su lugar, se extrae a partir de la veracidad del transcurso de los eventos relatados, cuya ficción se instala en la descripción de las relaciones humanas dentro de la vida ordinaria de su entorno. El reconocimiento progresivo de la autora aumentará después de la aparición del ensayo de Georges Lewes de 1852 en el que es descrita como "escritora de escritores", y en el que se subrayan su preocupación por las cuestiones de género y clase entre algunos de sus temas habituales.
Emma,ha sido reconocida por muchos críticos como una de las novelas en las que el estilo de Austen aparece más depurado. Asimismo, en el texto se encuentra un nuevo tipo de escritura, denominada "discurso indirecto", en el que la voz del autor y de sus personajes aparecen entrelazados, otorgando importancia al monólogo interno. Por otra parte, la trama, en la que Austen presenta una protagonista inusual, cuyas acciones provocan reacciones muy diversas en los lectores, como pudimos comprobar a través de las opiniones de nuestras compañeras del Club, supera la convencional línea de novela de formación para sorprendernos con un giro inesperado que revela otra vez la sutil ironía de la escritora.
El decálogo imprescindible: los derechos del lector
1. El derecho a no leer. La libertad de escribir no debe ir acompañada del deber de leer. Se evitará considerar a priori a cualquier individuo que no lee, un bruto potencial o un cretino contumaz.
2. El derecho a saltarse las páginas. Uno puede saltarse perfectamente los párrafos, páginas o partes del libro que no le interesan.
3. El derecho a no terminar un libro. Hay 36.000 motivos para abandonar una novela antes del final: la historia no interesa, sensación de haberla leído antes, no gusta el tema... ¿Un libro se nos cae de la mano? Que se caiga.
4. El derecho a releer. Se puede releer simplemente por el placer de la repetición, la alegría del reencuentro.
5. El derecho a leer cualquier cosa. Se pueden leer malas novelas. A cierta edad pueden estimular el saludable vicio de la lectura.
6. El derecho al bovarismo. La satisfacción inmediata y exclusiva de las sensaciones. No porque una joven coleccione novelas rosas acabará tragándose una cuchara de arsénico.
7. El derecho a leer en cualquier lugar. Un ejemplo vale más que mil palabras: el soldado Fulano se presenta voluntario para limpiar las letrinas. Es un trabajo despreciable pero rápido. Un cuarto de hora de bayeta le permite leer las obras completas de Gógol.
8. El derecho a hojear. Coger cualquier volumen de la biblioteca y hojearlo. Se puede abrir Proust, Shakespeare o Chandler por cualquier parte; seguro que proporciona cinco minutos interesantes.
9. El derecho a leer en voz alta. Leer en voz alta para uno mismo o para los otros es un ejercicio estimulante.
10. El derecho a callarnos. Absoluto derecho a no opinar sobre lo que se ha leído.
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