Unha vez alimentado o corpo, puxémonos a alimentar o espírito. O noso Chef, Jose, ofrécenos cada martes unha elaborada degustación de versos, nomes e novidosos selos que nos transportan a paraísos poéticos variados.
De Chile veu Raúl Zurita e lemos o seu "Anteparaíso" en "El verdor de la madrugada", onde "Aún abandonados florecerían" "Como pastizales malditos"
Desde Cuba, Reinaldo Arenas contounos que: (...) Las manos son lo mejor que indica el avance del tiempo. Las manos, que antes de los veinte años empiezan a envejecer. Las manos, que no se cansan de investigar ni darse por vencidas. Las manos, que se alzan triunfantes y luego descienden derrotadas. (...)
(...) A los niños los enloquece la poesía. Escuchen un instante cómo quedan presos en lo alto de ese grito, cómo la eternidad los acoge en cuanto gritan y gritan. (...) - Y nada más somos el poema donde los niños se distancian locamente.
Lemos o "Silencio" da brasileira Clarice Lispector e fixemos nosos algúns dos versos de "Ya escondí un amor con miedo de perderlo, ya perdí un amor por esconderlo"
Desde a Arxentina, Borges cativounos co seu "Poema de la Amistad" No puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida, ni tengo respuestas para tus dudas o temores, pero puedo escucharte y compartirlo contigo. No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro. Pero cando me necesites estaré junto a ti. (...)
El decálogo imprescindible: los derechos del lector
1. El derecho a no leer. La libertad de escribir no debe ir acompañada del deber de leer. Se evitará considerar a priori a cualquier individuo que no lee, un bruto potencial o un cretino contumaz.
2. El derecho a saltarse las páginas. Uno puede saltarse perfectamente los párrafos, páginas o partes del libro que no le interesan.
3. El derecho a no terminar un libro. Hay 36.000 motivos para abandonar una novela antes del final: la historia no interesa, sensación de haberla leído antes, no gusta el tema... ¿Un libro se nos cae de la mano? Que se caiga.
4. El derecho a releer. Se puede releer simplemente por el placer de la repetición, la alegría del reencuentro.
5. El derecho a leer cualquier cosa. Se pueden leer malas novelas. A cierta edad pueden estimular el saludable vicio de la lectura.
6. El derecho al bovarismo. La satisfacción inmediata y exclusiva de las sensaciones. No porque una joven coleccione novelas rosas acabará tragándose una cuchara de arsénico.
7. El derecho a leer en cualquier lugar. Un ejemplo vale más que mil palabras: el soldado Fulano se presenta voluntario para limpiar las letrinas. Es un trabajo despreciable pero rápido. Un cuarto de hora de bayeta le permite leer las obras completas de Gógol.
8. El derecho a hojear. Coger cualquier volumen de la biblioteca y hojearlo. Se puede abrir Proust, Shakespeare o Chandler por cualquier parte; seguro que proporciona cinco minutos interesantes.
9. El derecho a leer en voz alta. Leer en voz alta para uno mismo o para los otros es un ejercicio estimulante.
10. El derecho a callarnos. Absoluto derecho a no opinar sobre lo que se ha leído.
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