Buenos días. Ya hemos comenzado un nuevo curso en nuestro Club de Lectura de Adultos "José Beceiro". La primera sesión, que se dedicó al escritor Philip Roth, fallecido el pasado marzo, sirvió de ocasión para el reencuentro tras las vacaciones estivales y la bienvenida a nuevos miembros, como Aida. Escogimos como acercamiento al prolífico autor Pastoral americana, una de sus más famosas novelas, primera de la serie denominada por el narrador como "Trilogía estadounidense". Publicado en 1997, tras la vuelta de Londres del escritor, el relato continúa con el tono habitual de su producción y conserva su ambiciosa prosa, ofreciendo una panorámica de la evolución de la sociedad americana a través de tres generaciones de una familia, con su visión irónica y sin renunciar a sus temas predilectos, como el análisis de la comunidad judía y la adopción de un "yo" alternativo que asume a través de uno de sus personajes alter ego y para el que recupera la figura, en concreto, de Nathan Zukerman.
El contenido autobiográfico es evidente en la novela, que refleja nuevamente a través del ascenso y caída del protagonista, prototipo del triunfador americano self made man, las contradicciones del individuo y de su entorno, cuyas relaciones aparentemente perfectas, se verán resquebrajadas durante la convulsa década de 1960.
Como en otras novelas, sobresale la excelente prosa del escritor, el más ensalzado por la crítica del triunvirato de autores judíos estadounidenses formado también por Saul Bellow y John Updike, que le sirvió para hacerse acreedor del Premio Pulitzer y en la que destacan pasajes descriptivos de gran densidad en claro homenaje a su admirado Henry James. La frontera entre lo verídico y la ficción, terreno predilecto del autor de Newark, sirve como telón a un retrato en el que se va desenmascarando la realidad tras las apariencias y el juego literario ilusionista, hasta mostrarnos unos personajes casi psicoanalizados por el autor. Sin embargo, y pese a exponer en toda su crudeza la hipocresía de la sociedad y el fracaso del "sueño americano", hemos de destacar la capacidad del autor por transmitir el mensajeúltimo que perdura en el lector del perdón y como destacó el crítico de Times Literary Supplement con motivo de la publicación del libro,la "humildad salvadora de la novela".
El decálogo imprescindible: los derechos del lector
1. El derecho a no leer. La libertad de escribir no debe ir acompañada del deber de leer. Se evitará considerar a priori a cualquier individuo que no lee, un bruto potencial o un cretino contumaz.
2. El derecho a saltarse las páginas. Uno puede saltarse perfectamente los párrafos, páginas o partes del libro que no le interesan.
3. El derecho a no terminar un libro. Hay 36.000 motivos para abandonar una novela antes del final: la historia no interesa, sensación de haberla leído antes, no gusta el tema... ¿Un libro se nos cae de la mano? Que se caiga.
4. El derecho a releer. Se puede releer simplemente por el placer de la repetición, la alegría del reencuentro.
5. El derecho a leer cualquier cosa. Se pueden leer malas novelas. A cierta edad pueden estimular el saludable vicio de la lectura.
6. El derecho al bovarismo. La satisfacción inmediata y exclusiva de las sensaciones. No porque una joven coleccione novelas rosas acabará tragándose una cuchara de arsénico.
7. El derecho a leer en cualquier lugar. Un ejemplo vale más que mil palabras: el soldado Fulano se presenta voluntario para limpiar las letrinas. Es un trabajo despreciable pero rápido. Un cuarto de hora de bayeta le permite leer las obras completas de Gógol.
8. El derecho a hojear. Coger cualquier volumen de la biblioteca y hojearlo. Se puede abrir Proust, Shakespeare o Chandler por cualquier parte; seguro que proporciona cinco minutos interesantes.
9. El derecho a leer en voz alta. Leer en voz alta para uno mismo o para los otros es un ejercicio estimulante.
10. El derecho a callarnos. Absoluto derecho a no opinar sobre lo que se ha leído.
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