Buenos días. Teníamos pendiente eneste curso nuestra cita habitual con el Teatro.
El mes de mayo dedicamos la sesión del Club de Lectura de Adultos "José Beceiro" a la comedia, en concreto a uno de los clásicos, Carlo Goldoni.
Del autor veneciano seleccionamos Los afanes del veraneo, primera parte de su trilogía La villeggiatura oTrilogía delveraneo, que será continuada con Las aventuras del veraneo y El regreso del veraneo. El considerado "Molière italiano" estrenó en 1761 en el teatro San Luca de Venecia, hoy Teatro Goldoni, la obra, dentro de la segunda etapa de su producción, en un momento de consolidación de su reforma teatral de la comedia italiana, que puso fin al hieratismo y la improvisación de las máscaras de la Commedia dell'Arte.
Desde La donna di garbo, laescritura de todos los papeles actorales por Galdoni había contribuido progresivamente a la profundización psicológica de los personajes, definidos por un carácter y ya no por la sucesión de situaciones más o menos cómicas. Por otra parte, el respeto a las reglas aristotélicas y la sátira de costumbres impregnada de un nuevo gusto iluminista dominado por la razón, caracteriza unos argumentosprotagonizados por la burguesía,en los que la mujer ostenta un papel predominante.
En 1764, un año antes de trasladarse a Versalles, Piccinni pondrá música a La villeggiatura, basada en la comedia del mismo nombre, y que se estrenó en Bolonia.
Recientemente, hemos podido disfrutar de la comedia Arlechino, servidor de dos amos, en el Pazo de la Cultura de Narón.Mañana por la noche, y siguiendo con nuestra costumbre de acudir a una representación, y de paso aplaudir a nuestra compañera Pepa, los miembros del Club nos desplazaremos de nuevo a Narón para ver en el Auditorio el estreno de La posadera, uno de los títulos emblemáticos de Goldoni, a cargo de la Escuela de Arte de Narón, y en el que también intervendrá Pepa.Les deseamos mucho éxito. Esperamos aplaudir sin parar.
El decálogo imprescindible: los derechos del lector
1. El derecho a no leer. La libertad de escribir no debe ir acompañada del deber de leer. Se evitará considerar a priori a cualquier individuo que no lee, un bruto potencial o un cretino contumaz.
2. El derecho a saltarse las páginas. Uno puede saltarse perfectamente los párrafos, páginas o partes del libro que no le interesan.
3. El derecho a no terminar un libro. Hay 36.000 motivos para abandonar una novela antes del final: la historia no interesa, sensación de haberla leído antes, no gusta el tema... ¿Un libro se nos cae de la mano? Que se caiga.
4. El derecho a releer. Se puede releer simplemente por el placer de la repetición, la alegría del reencuentro.
5. El derecho a leer cualquier cosa. Se pueden leer malas novelas. A cierta edad pueden estimular el saludable vicio de la lectura.
6. El derecho al bovarismo. La satisfacción inmediata y exclusiva de las sensaciones. No porque una joven coleccione novelas rosas acabará tragándose una cuchara de arsénico.
7. El derecho a leer en cualquier lugar. Un ejemplo vale más que mil palabras: el soldado Fulano se presenta voluntario para limpiar las letrinas. Es un trabajo despreciable pero rápido. Un cuarto de hora de bayeta le permite leer las obras completas de Gógol.
8. El derecho a hojear. Coger cualquier volumen de la biblioteca y hojearlo. Se puede abrir Proust, Shakespeare o Chandler por cualquier parte; seguro que proporciona cinco minutos interesantes.
9. El derecho a leer en voz alta. Leer en voz alta para uno mismo o para los otros es un ejercicio estimulante.
10. El derecho a callarnos. Absoluto derecho a no opinar sobre lo que se ha leído.
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