Non vaiades crer que cambiamos a biblioteca por unha axencia de viaxes. Tampouco é que nos equivocaramos e que esta entrada fose para Cataboisbioxeo. Non. Desde este espazo que nos une co mundo anunciamos que a biblioteca abre as súas ventás aos internautas que visitan este blogue, e que comeza un novo ano escolar cuxo eixo temático será África.
Un curso máis seredes vós protagonistas dos nosos concursos, integrantes do club de lectura xuvenil; seredes quen animen os seus maiores para formaren parte do clube de lectura de adultos, seredes os usuarios e usuarias de todo o material bibliográfico, audiovisual e informático que na biblioteca atoparedes para os vosos traballos escolares e para o voso lecer.
Pero ademais, este ano queremos darvos a coñecer ese fascinante e menosprezado continente que é África.
poderedes visualizar a vida dos seus animais, ler algúns dos seus contos e lendas, perdervos e buscar alguén en África, saber algo máis da súa historia...
Benvidas e benvidos a África. Benvidas e benvidos á biblioteca.
El decálogo imprescindible: los derechos del lector
1. El derecho a no leer. La libertad de escribir no debe ir acompañada del deber de leer. Se evitará considerar a priori a cualquier individuo que no lee, un bruto potencial o un cretino contumaz.
2. El derecho a saltarse las páginas. Uno puede saltarse perfectamente los párrafos, páginas o partes del libro que no le interesan.
3. El derecho a no terminar un libro. Hay 36.000 motivos para abandonar una novela antes del final: la historia no interesa, sensación de haberla leído antes, no gusta el tema... ¿Un libro se nos cae de la mano? Que se caiga.
4. El derecho a releer. Se puede releer simplemente por el placer de la repetición, la alegría del reencuentro.
5. El derecho a leer cualquier cosa. Se pueden leer malas novelas. A cierta edad pueden estimular el saludable vicio de la lectura.
6. El derecho al bovarismo. La satisfacción inmediata y exclusiva de las sensaciones. No porque una joven coleccione novelas rosas acabará tragándose una cuchara de arsénico.
7. El derecho a leer en cualquier lugar. Un ejemplo vale más que mil palabras: el soldado Fulano se presenta voluntario para limpiar las letrinas. Es un trabajo despreciable pero rápido. Un cuarto de hora de bayeta le permite leer las obras completas de Gógol.
8. El derecho a hojear. Coger cualquier volumen de la biblioteca y hojearlo. Se puede abrir Proust, Shakespeare o Chandler por cualquier parte; seguro que proporciona cinco minutos interesantes.
9. El derecho a leer en voz alta. Leer en voz alta para uno mismo o para los otros es un ejercicio estimulante.
10. El derecho a callarnos. Absoluto derecho a no opinar sobre lo que se ha leído.
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