Las actividades del Club de Lectura de Alumnos en sus últimas sesiones han sido protagonizadas por el título de Laura Gallego Donde los árboles cantan, para los miembros del Primer Ciclo, y el proyecto de acercamiento al mundo literario de Herman Hesse, que celebra en 2012 el 50º aniversario de su fallecimiento, con la lectura de Demian y la vuelta al género del thriller psicológico de la mano de Patricia Highsmith y El talento de Mr. Ripley, para los alumnos del Segundo Ciclo. La escritora valenciana, en su novela publicada en octubre del pasado año, nos propone una aventura de fantasía caballeresca en la tradición de los cuentos clásicos. El texto del escritor germano-suizo, como su título indica (Historia de la juventud de Emil Sinclair),plantea un proceso deiniciación con resonancias del Psicoanálisis de Jung, en un contexto de crisis posterior a la finalización de la Primera Guerra Mundial.
Entre las nuevas propuestas, retornamos a la escritora que tanto gustó con alguna de sus narraciones el curso pasado, Patricia Highsmith, y el primero de la serie de cinco títulos basada en las tribulaciones de Tom Ripley. El curso que viene promete novedades e ilusionantes viajes literarios, a los que estáis todos invitados. Muy Felices Lecturas.
El decálogo imprescindible: los derechos del lector
1. El derecho a no leer. La libertad de escribir no debe ir acompañada del deber de leer. Se evitará considerar a priori a cualquier individuo que no lee, un bruto potencial o un cretino contumaz.
2. El derecho a saltarse las páginas. Uno puede saltarse perfectamente los párrafos, páginas o partes del libro que no le interesan.
3. El derecho a no terminar un libro. Hay 36.000 motivos para abandonar una novela antes del final: la historia no interesa, sensación de haberla leído antes, no gusta el tema... ¿Un libro se nos cae de la mano? Que se caiga.
4. El derecho a releer. Se puede releer simplemente por el placer de la repetición, la alegría del reencuentro.
5. El derecho a leer cualquier cosa. Se pueden leer malas novelas. A cierta edad pueden estimular el saludable vicio de la lectura.
6. El derecho al bovarismo. La satisfacción inmediata y exclusiva de las sensaciones. No porque una joven coleccione novelas rosas acabará tragándose una cuchara de arsénico.
7. El derecho a leer en cualquier lugar. Un ejemplo vale más que mil palabras: el soldado Fulano se presenta voluntario para limpiar las letrinas. Es un trabajo despreciable pero rápido. Un cuarto de hora de bayeta le permite leer las obras completas de Gógol.
8. El derecho a hojear. Coger cualquier volumen de la biblioteca y hojearlo. Se puede abrir Proust, Shakespeare o Chandler por cualquier parte; seguro que proporciona cinco minutos interesantes.
9. El derecho a leer en voz alta. Leer en voz alta para uno mismo o para los otros es un ejercicio estimulante.
10. El derecho a callarnos. Absoluto derecho a no opinar sobre lo que se ha leído.
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