
Otros elementos aportados por Green, quien mereció la admiración de autores como Wilkie Collins, fueron el desarrollo de
flashbacks en
el
proceso de investigación, que contribuyen al análisis de las causas del delito y de las acciones de los sospechosos, así como la introducción de componentes típicos de la ficción de abogados y juicios, anticipándose a la moda de los
slicks de 1930. Por último, cabe destacar la inclusión de elementos extraliterarios característicos como fragmentos de cartas, recortes de periódicos, mapas, diarios, etc.,
y la importancia concedida a la ambientación, en la que los elementos arquitectónicos son fundamentales dentro de la escena del crimen.
Uno de mis hijos, publicada en 1901, es un nuevo ejemplo de la narrativa cuidada y precisa de Green, autora cuyas novelas la crítica ha subrayado, pese a su tono en ocasiones cercano al melodrama victoriano,
que “pueden ser
leídas como un misterioso divertimento o como crónicas históricas y sociales”.
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