Buenos días. En este curso dedicado a las relaciones entre Ciencia y Literatura no podía faltar en nuestro Club la lectura de La invención de Morel. La famosa distopía de Adolfo Bioy Casares, publicada en 1940, y cuya trama fue calificada por Borges de "perfecta", plantea con una prosa llena de poesía, la búsqueda de la inmortalidad a través de la invención de un ingenio que permite reproducir la realidad virtual, concepto de plena vigencia en nuestro tiempo. También considerada como novela fundacional de la denominada "literatura de anticipación", y que supuso, por tanto, una renovación del género fantástico, aúna la ficción científica con la trama policial y la temática amatoria. La obra plantea una lúcida reflexión sobre las relaciones y límites entre apariencia y realidad, y la amenaza de suplantación de la segunda por un mundo construido mediante imágenes. Asimismo, en la novela aparecen temas universales como el miedo a la soledad y a la muerte y la búsqueda del amor unida a la perpetuación de la vida, en este caso fundamentada en la repetición implícita en la idea de eterno retorno, que subyace tanto en el tema como en la forma del relato. En la novela, que se anticipó ocho años al desarrollo de la holografía por Dennis Gabor, luego Premio Nobel de Física, la fascinación por la tecnología y la seducción de las imágenes terminan por imponer la muerte en su propuesta, ya no de simulación, sino de suplantación. Bioy propone, además, un juego de espejos en el que están presentes continuamente la intertextualidad y la simultaneidad en el planteamiento temporal y espacial propias del cine, género que ha ejercido gran influencia en el autor y al que homenajea.
El decálogo imprescindible: los derechos del lector
1. El derecho a no leer. La libertad de escribir no debe ir acompañada del deber de leer. Se evitará considerar a priori a cualquier individuo que no lee, un bruto potencial o un cretino contumaz.
2. El derecho a saltarse las páginas. Uno puede saltarse perfectamente los párrafos, páginas o partes del libro que no le interesan.
3. El derecho a no terminar un libro. Hay 36.000 motivos para abandonar una novela antes del final: la historia no interesa, sensación de haberla leído antes, no gusta el tema... ¿Un libro se nos cae de la mano? Que se caiga.
4. El derecho a releer. Se puede releer simplemente por el placer de la repetición, la alegría del reencuentro.
5. El derecho a leer cualquier cosa. Se pueden leer malas novelas. A cierta edad pueden estimular el saludable vicio de la lectura.
6. El derecho al bovarismo. La satisfacción inmediata y exclusiva de las sensaciones. No porque una joven coleccione novelas rosas acabará tragándose una cuchara de arsénico.
7. El derecho a leer en cualquier lugar. Un ejemplo vale más que mil palabras: el soldado Fulano se presenta voluntario para limpiar las letrinas. Es un trabajo despreciable pero rápido. Un cuarto de hora de bayeta le permite leer las obras completas de Gógol.
8. El derecho a hojear. Coger cualquier volumen de la biblioteca y hojearlo. Se puede abrir Proust, Shakespeare o Chandler por cualquier parte; seguro que proporciona cinco minutos interesantes.
9. El derecho a leer en voz alta. Leer en voz alta para uno mismo o para los otros es un ejercicio estimulante.
10. El derecho a callarnos. Absoluto derecho a no opinar sobre lo que se ha leído.
No hay comentarios:
Publicar un comentario