Buenos días. Comenzamos el curso con la lectura de un clásico, Middlemarch, con el que rescatamos a George Eliot, de quien este año se cumplen 200 años de su nacimiento. Cursos atrás nos acercamos a la gran escritora británica con uno de sus relatos menos conocidos, El velo alzado. En esta ocasión elegimos su título más ambicioso, calificado por algunos escritores como Ian McEwan como "la mejor novela inglesa de todos los tiempos".
En este "estudio de provincias", tal como lo describe la propia autora, nos encontramos nuevamente con un meticuloso análisis de la sociedad británica en un entorno rural, la campiña inglesa, cuyos personajes a través de sus relaciones y sus propias elecciones personales conforman un engranaje perfecto, una "red", como ha señalado más de un crítico, en la que se entretejen las existencias determinadas por cuestiones como la voluntad y el destino, la libertad y el condicionamiento económico, etc. La narración se desarrolla además en el marco de un momento histórico en el que se perciben los primeros efectos del "progreso", concepto clave en la novela, que es observado y cuestionado por Eliot. La escritora logra, pese a la extensión del relato, una estructura unitaria y elaborada, partiendo de los personajes de Dorothea y Lydgate. Pero destaca especialmente su capacidad para el análisis de la naturaleza humana, representada en más de un centenar de personajes sobre los que despliega también una mirada compasiva y esperanzadora.
El decálogo imprescindible: los derechos del lector
1. El derecho a no leer. La libertad de escribir no debe ir acompañada del deber de leer. Se evitará considerar a priori a cualquier individuo que no lee, un bruto potencial o un cretino contumaz.
2. El derecho a saltarse las páginas. Uno puede saltarse perfectamente los párrafos, páginas o partes del libro que no le interesan.
3. El derecho a no terminar un libro. Hay 36.000 motivos para abandonar una novela antes del final: la historia no interesa, sensación de haberla leído antes, no gusta el tema... ¿Un libro se nos cae de la mano? Que se caiga.
4. El derecho a releer. Se puede releer simplemente por el placer de la repetición, la alegría del reencuentro.
5. El derecho a leer cualquier cosa. Se pueden leer malas novelas. A cierta edad pueden estimular el saludable vicio de la lectura.
6. El derecho al bovarismo. La satisfacción inmediata y exclusiva de las sensaciones. No porque una joven coleccione novelas rosas acabará tragándose una cuchara de arsénico.
7. El derecho a leer en cualquier lugar. Un ejemplo vale más que mil palabras: el soldado Fulano se presenta voluntario para limpiar las letrinas. Es un trabajo despreciable pero rápido. Un cuarto de hora de bayeta le permite leer las obras completas de Gógol.
8. El derecho a hojear. Coger cualquier volumen de la biblioteca y hojearlo. Se puede abrir Proust, Shakespeare o Chandler por cualquier parte; seguro que proporciona cinco minutos interesantes.
9. El derecho a leer en voz alta. Leer en voz alta para uno mismo o para los otros es un ejercicio estimulante.
10. El derecho a callarnos. Absoluto derecho a no opinar sobre lo que se ha leído.
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