La narrativa francesa actual volvió a estar presente en nuestros encuentros del Club de Lectura de Adultos "José Beceiro". Esta vez, la protagonista fue la novela Correr, del escritor nacido en Orange, Jean Echenoz. En la primera parte de la sesión de febrero se realizó un repaso del panorama literario de las últimas décadas en el país vecino, con especial atención a los autores de la Post-Noveau Roman de la editorial Minuit, y concretamente a Toussaint y Echenoz. En este segundo libro, dentro de la serie que dedicó Echenoz a tres personalidades reales (los otros tratan de las figuras de Maurice Ravel y Nikola Tesla), el atleta checo Emil Zápotek protagoniza un relato que se sitúa entre la novela y el relato biográfico. Publicada en 2008, esta biografía ficticia, transforma al atleta en un personaje literario reinventado que supera al sujeto de una reflexión realista.
A través de una escritura lúdica y distanciada, el autor realiza, según sus palabras, una parte de "montaje y desmontaje de la experiencia", que es compartida mediante imágenes casi cinematográficas. Pero el relato, que avanza reproduciendo el transcurso rítmico de la carrera, nos ofrece, además, una visión irónica de la manipulación política, en este caso a través del deporte, y un verdadero canto a la libertad y el individualismo, encarnados en el mismo acto de "correr" a través de la personalidad de Zápotek.
El decálogo imprescindible: los derechos del lector
1. El derecho a no leer. La libertad de escribir no debe ir acompañada del deber de leer. Se evitará considerar a priori a cualquier individuo que no lee, un bruto potencial o un cretino contumaz.
2. El derecho a saltarse las páginas. Uno puede saltarse perfectamente los párrafos, páginas o partes del libro que no le interesan.
3. El derecho a no terminar un libro. Hay 36.000 motivos para abandonar una novela antes del final: la historia no interesa, sensación de haberla leído antes, no gusta el tema... ¿Un libro se nos cae de la mano? Que se caiga.
4. El derecho a releer. Se puede releer simplemente por el placer de la repetición, la alegría del reencuentro.
5. El derecho a leer cualquier cosa. Se pueden leer malas novelas. A cierta edad pueden estimular el saludable vicio de la lectura.
6. El derecho al bovarismo. La satisfacción inmediata y exclusiva de las sensaciones. No porque una joven coleccione novelas rosas acabará tragándose una cuchara de arsénico.
7. El derecho a leer en cualquier lugar. Un ejemplo vale más que mil palabras: el soldado Fulano se presenta voluntario para limpiar las letrinas. Es un trabajo despreciable pero rápido. Un cuarto de hora de bayeta le permite leer las obras completas de Gógol.
8. El derecho a hojear. Coger cualquier volumen de la biblioteca y hojearlo. Se puede abrir Proust, Shakespeare o Chandler por cualquier parte; seguro que proporciona cinco minutos interesantes.
9. El derecho a leer en voz alta. Leer en voz alta para uno mismo o para los otros es un ejercicio estimulante.
10. El derecho a callarnos. Absoluto derecho a no opinar sobre lo que se ha leído.
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