Este martes, o alumando de 1º e 2º da ESO tivo unha clase especial. A profesora foi Andrea Maceiras, filóloga e amante da natureza que nos adentrou no Segredo do lagarto Arnal. Non, non foi unha clase de Bioloxía sobre os réptiles. Foi unha clase de Literatura Galega sobre narrativa contemporánea. Concretamente, unha charla sobre o seu libro.
Explicounos o significado dos alcumes dos seus protagonistas: Arnal, Avelaíña, Buxo, Bolboretiña... Por certo, terá alcume Andrea? Arriscádesvos a poñerlle algún? Falounos do difícil que é ás veces amosar o diferentes que somos. Tamén aprendemos que hai especies que se dan a coñecer día a día e especies que desaparecen por mor da pésima xestión do ecosistema que está a desenvolver o home.
Andrea respondeu a todas as vosas dúbidas e curiosidades, incluso cando lle preguntastes sobre o argumento doutras obras dela.
Para rematar a xornada asinou exemplares. Andrea deixou a pegada do Arnal nos vosos libros. Gozade da lectura desta autora, medraderes con ela.
El decálogo imprescindible: los derechos del lector
1. El derecho a no leer. La libertad de escribir no debe ir acompañada del deber de leer. Se evitará considerar a priori a cualquier individuo que no lee, un bruto potencial o un cretino contumaz.
2. El derecho a saltarse las páginas. Uno puede saltarse perfectamente los párrafos, páginas o partes del libro que no le interesan.
3. El derecho a no terminar un libro. Hay 36.000 motivos para abandonar una novela antes del final: la historia no interesa, sensación de haberla leído antes, no gusta el tema... ¿Un libro se nos cae de la mano? Que se caiga.
4. El derecho a releer. Se puede releer simplemente por el placer de la repetición, la alegría del reencuentro.
5. El derecho a leer cualquier cosa. Se pueden leer malas novelas. A cierta edad pueden estimular el saludable vicio de la lectura.
6. El derecho al bovarismo. La satisfacción inmediata y exclusiva de las sensaciones. No porque una joven coleccione novelas rosas acabará tragándose una cuchara de arsénico.
7. El derecho a leer en cualquier lugar. Un ejemplo vale más que mil palabras: el soldado Fulano se presenta voluntario para limpiar las letrinas. Es un trabajo despreciable pero rápido. Un cuarto de hora de bayeta le permite leer las obras completas de Gógol.
8. El derecho a hojear. Coger cualquier volumen de la biblioteca y hojearlo. Se puede abrir Proust, Shakespeare o Chandler por cualquier parte; seguro que proporciona cinco minutos interesantes.
9. El derecho a leer en voz alta. Leer en voz alta para uno mismo o para los otros es un ejercicio estimulante.
10. El derecho a callarnos. Absoluto derecho a no opinar sobre lo que se ha leído.
No hay comentarios:
Publicar un comentario